Prof. Dr. Franco Rest 09.01.2001

La idea del acto terapéutico de matar y sus consecuencias para la visión del ser humano en la medicina moderna

Dr. Franco Rest

0. El "acto terapéutico de matar" es la oferta hecha por la medicina, la ética y la ley de liberar de dolores, determinación por otros y miedo a los pacientes incurables, los con danos irreversibles etc. matándolos humanamente y por autodeterminaciòn.

1. Desde comienzos de los anos 70 ha habido un cambio fundamental en la actitud hacia la muerte en nuestras sociedades. Este proceso, sin embargo, está aún en desarrollo y sólo habrá terminado cuando se les permita a los seres humanos morir una muerte sin dolor, en compania de otros, sin trabas y de manera personal e individual.

2. En los paises industrializados, además del "acompanamiento en la muerte" existen también formas de provocar la muerte (ayuda para morir, eutanasia, acto terapéutico de matar), evitar la muerte (prolongación de la vida, medicina de transplantación) y controlar la vida y la muerte (rentabilidad, utilitarismo, tanatocracia).

3. Los esfuerzos por introducir una forma legalizada del acto terapéutico de matar se enfocan en una muerte ideal que sea "fácil, barata y rápida", mientras que en el movimiento de hospicios aboga por una muerte que sea "controlada en el dolor, personal, socialmente integrada y acompanada".

4. El apoyo se genera ante el trasfondo de una terapia del dolor (paises, Bajos, alemania y otros), formas deficientes del acompanamiento en la muerte (programas insuficientes de hospicios) y el supuesto legal de la muerte cerebral.

5. La definición de la muerte cerebral genera pretensiones (el acceso a los órganos) y destruye a la concepción del ser humano hecho a la imagen y semejanza de Dios a sea de un ser digno de protección. El mito del cerebro, fomentando el acto terapéutico de matar a quienes no han nacido aún (cerebro subdesarrollado), los discapacitados mentales y pacientes de Alzheimer (cerebro danado) los moribundos y persona con trauma craneocerebral (fallo del cerebro), convirtiendo a los "sujetos" en "objetos".

6. La doctrina que pregona la posibilidad del acto terapéutico de matar se basa en algunas ideas que podrian convertir a cualquiera de nosotros en eutanasista para con los demás, ya que esas ideas están profundamente arraigadas en nosotros:
- la idea del progreso
- la idea de que está permitido el suicidio
- la idea de tener el derecho de morir una "muerte sana"
- el derecho a la autodeterminación por mano ajena
- las ideas del derecho a dar muerte (pena de muerte) para la legítima defensa
- la idea de la muerte de gracia
- la idea de la autorrealización
- las ideas del culto al cuerpo
- la idea del pueblo/de la nación como organismo
- el ideal de la compasión
- la idea de la rentabilidad de las acciones humanas
- la idea del ser humano como lo más sublime de la creación
- la idea de que algunos humanos no son superiores a los animales
- la idea de la impunidad por matar a quienes aún no han nacido
- el yo como medida de mis acciones hacia los demás

7. Se opone al acto terapéutico de matar la idea de los hospicios que consiste en la idea de integrar (en lugar de exterminar) el sufrimiento de los moribundos en la sociedad moderna, luchando al mismo tiempo contra el sufrimiento ajeno al ser humano.

8. Por lo tanto, la vida de los moribundos debe incluir: el sufrimiento, la soledad, el temor, las separaciones, la esperanza. Por ello deben ser protegidos en lugar de eliminarlos mediante el acto terapéutico de matar. Por otro lado, sí se puede tratar o dar terapia a los dolores, el aislamiento, los miedos, las pérdidas y las expectatives, ya que no siempre necesitan ser parte de la vida de los moribundos.

9. El "acto terapéutico de apoyar la vida", contrario al acto terapéutico de matar, significa: integrar a los vivos, acompanar a los enfermos y moribundos en su salida de la comunidad de los vivos, y acompanar a los enfermos y moribundos hacia la comunidad con lo vivo (Dios, naturaleza, cosmos).

10. Esta alternativa requiere de una red de instituciones, competencias, ideologías y personas, cuyos elementos son, entre otros:
- unidades de tratamiento reconvertidas (hospitales, asilos)
- médicos de cabecera capacitados para suministrar una terapia del dolor
- enfermeras ambulatorias capacitadas para el cuidado paliativo y el control de los síntomas
- grupos de autoayuda de pacientes y grupos de duelo
- voluntarios "acompanados" en varias formas institucionalizadas y no institucionalizadas
- hospicios ambulatorios u hospitalarios, servicios de cuidados en casa, velatorios para enfermos, servicios de visita y pacientes moribundos bien informados.

11. Sólo después de establecer esa red se puede (si es que jamás se deba) reflexionar acerca de modificaciones de la ley. (p. ej. autorizando el acto terapéutico de matar) y de reglas acerca de la ayuda para morir, porque de otra manera el derecho a matar sustituirá el deber de acompanar.

12. La capacitación del ser humano para que se pueda resistir al acto terapéutico de matar debe incluir cuatro elementos que, de ser posible hay que tratar en esta secuencia:
- el enfrentamiento con la propia mortalidad
- las reflexiones acerca de las necesidades reales de los enfermos
- la introducción a la práctica del acompanamiento y del apoyo
- el ejercicio de la labor de duelo que acepta la muerte.

El soltar a la persona amada es el fundamento del amor;
la separación es el sufrimiento que da forma al amor.

13. La ética no sirve para facilitar las responsabilidades y decisiones, sino para la contemplación, es decir para dificultarlas. La ley no sólo sirve para el funcionamiento externo de una comunidad jurídica, sino para la moralidad. Por lo tanto, la juridificación de le ética Ileva a una castración de la disposición íntima (moral) de los seres humanos y sus responsabilidades.

14.  La juridificación de una ética "primitiva" (p. ej. legalizar el dar muerte como una forma de terapia) intenta sustraerse de la capacidad del ser humano de ser culpable. Sólo quien esté dispuesto a volverse culpable y a enfrentar su culpabilidad actuará de manera "responsable".

Prof. Dr. Franco Rest

 

Tötungsethik

Von der militärischen zur nachmilitärische Sozialstrategie?

 

Die Kriegsgefahr verlangte von den Menschen, daß sie sich "als potentielle Mörder, als Herren über das Schicksal ihrer Feinde denken, um (einerseits) ihre Angst vor dem Getötetwerden zu vergessen, (um andererseits) für die im Krieg erforderten sozialen Aktivitäten überhaupt einsatzfähig zu sein"[1], schrieb Werner Fuchs 1969. Die Fähigkeit zur und die ethische Rechtfertigung der Tötung eines Menschen mit Vorsatz haben im Militärischen einen hohen Rang, weil die besondere Verwerflichkeit, welche ja den Mord strafrechtlich und ethisch auszeichnet, durch politische Definition ausgeschlossen, die Strafbarkeit aufgehoben, eine vorherige Einwilligung des Getöteten nicht erforderlich sind und die eigene Todesangst des Menschen erlaubterweise zu Haß gegen den Feind und zum "Mordtrieb" umdefiniert werden darf. Übrigens ist die Kennzeichnung des Mordes als Tötungshandlung „mit niederen Beweggründen“ eine typisch deutsche und neuzeitliche Definition, welche Tötungen aus „hehren Beweggründen“ wie zur Reinhaltung einer Rasse oder zur Schaffung von Raum für die eigenen Volksgenossen ausdrücklich in „Legitimität“ und sogar in Legalität“ übergehen ließ.

Die militärisch geprägte Gesellschaft verlangt geradezu von ihren Mitgliedern die Bereitschaft zur Tötung des anderen, des Fremden, zugleich mit der Bereitschaft, sich selbst für den „hehren Beweggrund“ töten zu lassen. Zu diesen Zwecken braucht sie die Androhung tödlicher Gewalt seitens des Standrechts oder braucht das Feindbildes zur Ausübung sozialer Kontrolle. Was geschieht aber mit solcher Tötungsethik angesichts des Ausbruchs des Friedens oder gar einer Entmilitarisierung? Wenn die im Selbsterhaltungstrieb verborgene militärische Bereitschaft zur Selbst- und Fremdvernichtung entfällt, was wird dann aus der in ihm ebenfalls enthaltenen Triebtendenz zur Selbst-(über)-steigerung?[2]  Wenn die Gewaltdrohung entfällt, was wird dann aus der Fremdtötungs- und Selbsttötungsethik als sozialer Strategie?

Fragen wir uns im Zusammenhang mit der Ausstellung zu den „Verbrechen der Wehrmacht“ noch stärker: Sind wir Heutigen frei von jener Tötungsethik, die den Verbrechen der Deutschen Wehrmacht und anderer Wehrmächte ja zugrunde liegt? Könnte es sinnvoll sein, die Besinnung auf Vergangenes, wie es in der Ausstellung erkennbar wird, zur Besinnung unseres eigenen und heutigen ethischen Denkens werden zu lassen? Gibt es einen Zusammenhang zwischen einem militärischen Tötungshandeln und vorhandenem außermilitärischen Tötungswollen? Könnte es Vergleichbarkeiten im Tötungsverhalten des militärischen der damaligen Täter und des gesellschaftlich-militärischen Tötungshandeln heutioger Täter geben?

 

1.      Moderne Euthanasie und nationalsozialistische Tötungsethik

 

Deutschland und Österreich können angeblich deshalb nicht bezüglich der Freigabe der „neuen Euthanasie“, heute als „Sterbehilfe“ bezeichnet, und der Tötung auf Verlangen unbelastet denken, weil sie bekanntlich durch ihre Geschichte paralysiert seien. Aber ist denn der Schweiz, den Niederlanden, Belgien und anderen Ländern zu wünschen, daß sie erst die deutsche Geschichte selbst durchleben müssen, bevor sie begreifen, daß bestimmte Regelungen mit der Menschenwürde nur schwer vereinbar sind? Was hat die nationalsozialistische Euthanasie und der nationalsozialistische Vernichtungskrieg mit der modernen Sterbehilfe zu tun? Gibt es überhaupt eine Parallele, und gibt es Lernbarkeiten aus dieser Deutschen Geschichte?

1994, im gleichen Jahr, in dem die neue Euthanasie-Gesetzgebung in den Niederlanden wirksam geworden war, zeigte das niederländische Fernsehen in ganz Europa einen Film über die Tötung eines Menschen durch seinen Arzt, nach den Kriterien und den Methoden der niederländischen „Euthanasie“-Regelung. Der Titel des Films war: "Dot up verzoeg - Tod auf Verlangen". Hier wurde im außer-holländischen Ausland auf eine Regelung hingewiesen und also in gewisser Weise auch für diese Regelung geworben, die wir in Deutschland in letzter Zeit als „Tötungsheilbehandlung“ bezeichnen. Heilbehandlung durch Tötung. Heilung, wenn wegen der Unausweichlichkeit einer tödlichen Erkrankung keine andere Möglichkeit des Heilens mehr besteht, als zu töten, soll heißen: Heilbehandlung für nicht mehr heilbare Patienten durch eine ärztlich verantwortete Tötung ihrer Person; wer tot ist, hat keine Schmerzen mehr, ist nicht mehr vereinsamt, ist angstfrei und angeblich also auch glücklicher.

Ein Patient mit ALS (Amyotrophische Lateralsklerose), der seiner Ehefrau die für ihn notwendig werdende künstliche Beatmung meint, nicht zumuten zu können, wurde in diesem Film von seinem Arzt kontrolliert getötet. Wohlgemerkt nicht als Spielfilm, sondern gefilmt am lebenden und dann sterbenden „Objekt“. Stellt man diesen Film nun neben den Film mit dem Titel "Ich klage an" aus der Reichskanzlei des Führers von 1940, über die barmherzige Tötung einer MS-kranke Frau durch ihren eigenen, ärztlichen Ehemann mit Hilfe einer Überdosis eines bestimmten Medikamentes, der „Faulerschen Lösung“, einen Film also, der mit der Barmherzigkeitstötung den Gedanken an die Tötungsheilbehandlung bei anderen schweren Leiden verbindet, so erkennt man den Unterschied zunächst darin, daß in den Niederlanden tatsächlich getötet wurde, während der Nazi-Film ein fiktives Schauspiel darstellte. Die Nationalsozialisten hatten zudem nur einen nie verabschiedeten und vergleichsweise harmlosen Gesetzesentwurf. Die Niederlande und inzwischen andere Industrieregionen (wie die Schweiz, Belgien und einige Bundesstaaten Australiens) haben verabschiedete (teilweise wieder außer Kraft gesetzte) Gesetze.

70.000 Euthanasieopfer gab es in den Jahren 1940/41 in Grafeneck, Bernburg, Hartheim, Sonneschein oder Hadamar und mindestens noch einmal so viele Tote nach Abschluß an die nationalsozialistische "T-4-Aktion", benannt nach der Tiergartenstraße 4 in Berlin, wo die Tötungen vorbereitet und organisiert wurden. Gedenken müßten wir dabei aber auch der Hinterbliebenen der Ermordeten, der ca. 400.000 Zwangssterilisierten und der Opfer fortgesetzter Euthanasie in unserer Zeit. Als das Ziel der nationalsozialistischen Bevölkerungspolitik lautete, die Juden aus dem deutschen Reichsgebiet zu vertreiben, griff man zunächst zur gewaltsamen Deportation jenseits des Ural oder nach Madagaskar bzw. dazu, den Juden die Auswanderung nach den USA und anderen Orten nahezulegen (1934 bis 1941). Als dann das Ziel lautete, die arische Rasse in den eigenen Reihen "rein" zu erhalten, griff man zur Vernichtung der deutschen psychisch Kranken und Behinderten (1938-1941). Als man schließlich die Juden auf dem zunächst anvisierten Wege nicht loswerden konnte, setzte man genau die Erfahrungen ein, die man zuvor bei der Vernichtung der Kranken und Behinderten gewonnen hatte, wie z.B. auch das Vergasen (1941-1945); Technologie geriet zum politischen Mittel gegen Solidarität, Liebe und Toleranz; das technisch und methodisch Mögliche wurde gegen das zuvor als irrational Definierte wie die „Menschenwürde“ eingesetzt. Damit war die Tötung der Kranken und Behinderten für die Nationalsozialisten zum Übungsfeld für die folgenden Massenvernichtungen geworden. Diese Tatsache widerlegt die häufige Behauptung, die nationalsozialistische Euthanasie an Kranken und Behinderten hätten mit der Massen-Vernichtung der Juden, Sinti und Roma etc. nichts zu tun. Wer das von den heutigen Euthanasisten behauptet, leugnet bewußt die Zusammenhänge der Geschichte. Wenn es nicht gelingt, der Tötungsbereitschaft in den westlichen Industriegesellschaften durch Etablierung sozialintegrativer Alternativen Einhalt zu gebieten, werden wir mit einer weiteren Zunahme von Entsorgungs- und/oder genetischer Züchtungsphantasien rechnen müssen.

 

2.       Kann man aus dem Jahre 1941 für heute lernen?

 

Was am 6. September 1941, also zeitlich parallel zu den „Verbrechen der Wehrmacht“, der damalige Bischof von Münster Clemens August von GALEN angesichts der geplanten und durchgeführten Euthanasiemaßnahmen der Nationalsozialisten an die Leiter der sogn. Heilanstalten schrieb, gilt auch im Zeitalter der Gentechnologie, der Organverpflanzungen, der selektierenden Pränataldiagnostik, der Hirntod-Definition, der aktiven Sterbehilfe und der Straffreiheit von Tötungsheilbehandlung. Es muß nur in unsere Zeit und unsere Situationen hinein übersetzt werden:

1. „Selbst wenn wir die verwerfliche Tat eines anderen mißbilligen, kann unsere Mitwirkung daran dann sündhaft sein, wenn das, was wir dabei tun, für sich allein betrachtet, erlaubt ist". Soldatisches Töten ist unter bestimmten, vorher festgelegten Umständen erlaubt, kann aber trotzdem verwerflich sein (vgl. die „Verbrechen der Deutschen Wehrmacht“). Denken müssen wir heute an die Beihilfe zur Selbsttötung, die bei uns ja nicht bestraft wird, oder an die straffreie Tötung Sterbender in den Niederlanden, oder an die Entnahme von Organen bei tödlich Verletzten z.B. in den derzeitigen Kriegsgebieten, wo diese Entnahme legal ist, es sei denn, der Mensch hat einen Ausweis bei sich, worin er die Entnahme ablehnt; oder denken Sie an unsere Weitergabe von Angaben zur genetischen Ausstattung der uns Anvertrauten an Forschungsstellen, oder an unsere Mitwirkung bei der Sterilisation von Nicht-Einwilligungsfähigen usw.

2. „Selbst wenn wir die verwerfliche Tat eines anderen mißbilligen, kann unsere Mitwirkung daran dann sündhaft sein, wenn das Böse, für dessen Durchführung man unsere Hilfe in Anspruch nimmt, von uns verabscheut wird". Niemand, der die Greuel der „Verbrechen der Deutschen Wehrmacht“ verabscheute, kann saich auf diesen Abscheu berufen, wenn er daran teilgenommen hat. Verabscheuung ist keine Rechtfertigung und war es auch im Nationalsozialismus nicht, obwohl dies viele meinten. Denken wir heute z.B. an unsere Mitwirkung bei Veranstaltungen, bei denen Euthanasisten und Tötungsethiker auftreten, deren Auffassungen wir zwar verabscheuen, denen wir aber mithelfen, ein Forum zu erhalten für ihre Propaganda. Es nützt nichts, wenn wir moderne Euthanasie und Eugenik verabscheuen und trotzdem daran mitwirken z.B. durch unsere eigenen Ausweise zur Patientenverfügung oder Organtransplantation, durch Mitwirkung an der Sozialpolitik mit wirtschaftlichen Berechnungen zur Kostenexplosion oder –dämpfung im Gesundheitsbereich, oder zur Rententhematik.

3. „Selbst wenn wir die verwerfliche Tat eines anderen mißbilligen, kann unsere Mitwirkung daran dann sündhaft sein, wenn wir überhaupt nur deshalb handeln, um uns selbst vor sonst drohendem Unheil zu bewahren". Wie oft wurden die Verbrechen der Wehrmacht damit verharmlost, dass die Täter von der Angst vor eigenem Schaden oder Nachteil sprachen? Und wie viele haben dies als Begründung angeführt, als sie mitgewirkt haben an der Tötung der Juden, der Homosexuellen, der Sinti und Roma, der geistig und psychisch Behinderten? Heute droht angeblich Unheil durch die sogn "Überalterung" westlicher Industriegesellschaften und durch das Singel-Leben vieler Menschen. Anregungen zur Selbsttötung sollen angeblich solches Unheil heilen. Viele Abtreibungen werden ausschließlich mit dem eigenen Unheil der Schwangeren begründet. Wer an der Tötung anderer mitwirkt wegen berechtigter oder unberechtigter Angst z.B. wegen des sogn. Befehlsnotstandes, hat deshalb nicht weniger verwerflich gehandelt. Es ist eine deutsche Besonderheit, zwischen Verwerflichkeit einer Tötung beim Mord und weniger Verwerflichkeit zu unterscheiden.

4. „Selbst wenn wir die verwerfliche Tat eines anderen mißbilligen, kann unsere Mitwirkung daran dann sündhaft sein, wenn unser Tun nicht unmittelbar, direkt, sondern mittelbar, indirekt zum Zustandekommen des Bösen beiträgt". Vielfach hat die Wehrmacht Deckungsaufgaben für die Handlungen der WaffenSS und der Judenvernichtung übernommen. Diese indirekte Mitwirkung mindert die Verweflichkeit nicht. Ich denke für unsere Zeit z.B. an einen Professor aus Dortmund, der eine Theorie der Berechenbarkeit von Glück verfaßt hat. Nach den vorgeschlagenen Items für Glück kann jeder seine erwartete Glücks-Zukunft berechnen, weshalb bereits mehrere Menschen aufgrund solcher Rechnung sich zur Selbsttötung entschlossen. Ich denke auch an Pflegekräfte, die sich nach Deutschland ins Pflege-Exil begaben, weil sie es nicht aushalten konnten, mitwirken zu sollen an der Euthanasie holländischer Tötungsärzte, deren Entscheidungen sie letztlich zu tragen hatten, obwohl sie die Tötungshandlung nicht selbst ausführten.

5. Schließlich schrieb Bischof Clemens August von GALEN 1941: „Selbst wenn wir die verwerfliche Tat eines anderen mißbilligen, kann unsere Mitwirkung daran dann sündhaft sein, wenn wir wissen, daß die Verletzung dem göttlichen Gesetz auch ohne unsere Mitwirkung auf jeden Fall geschehen würde." „Ich hab‘ ja nur mitgemacht, weil, wenn ich es nicht getan hätte, hätten es andere getan“, so oder ähnlich versuchte sich manche Militärische Tötungsethik herauszureden, oftmals in Verbindung mit irgendwelchen Grausamkeiten, die die anderen Begangen hätten, wenn man selbnst nicht so „human“ die Tötung vorgenommen hätte. Wir können uns heute mit dem Hinweis aus der Affäre der Tötung von noch nicht zu Ende gestorbenen Organlieferanten ziehen, nahezu alle Länder der Erde hätten ja der Hirntoddefinition und damit dem „Tod des Menschen nach Hirnversagen“ zugestimmt, und deshalb würden ohnehin Manipulationen an menschlichen Gehirnen gemacht, um den Begehrlichkeiten der Organtransplantation genügend Material zukommen zu lassen. Wir sind aus der Verantwortung nicht entlassen, weil andere handeln würden, wenn wir nicht handeln. - Selbst wenn all diese Ausreden zusammenfallen würden, wären wir immer noch nicht aus der Verantwortung und aus der Schuld entlassen. Die Geschichte lehrt uns, daß wir in der Verantwortung, die wir nicht von uns schieben, „glücklicherweise auch schuldig“ werden.

 

3.      Tötungsethik unter militärischen und nachmilitärischen Vorzeichen

 

Gerechtfertigtes Töten muß bekanntlich auch eingeübtes Töten bedeuten; dies bezieht sich auf den Militärdienst ebenso wie auf alle gesellschaftlichen Lebensbereiche, wenn eine solche Rechtfertigung erfolgt ist: von der Notwehr und Verteidigung bis zur Prävention und Heilbehandlung durch Tötung des Kranken oder Fremden. Die Rechtfertigung zur Tötung eines Feindes braucht wie die Tötung eines Menschen aus Liebe oder Mitleid auch eine entsprechende, angemessene Ethik. Zivilisierte Gesellschaften unterscheiden sich von den "primitiven" nicht dadurch, daß sie keine solche Tötungsethik hätten, sondern daß sie darüber nur systematischer nachdenken; an die Stelle der Selbstverständlichkeit der Altentötung tritt z. B. die Kosten-Nutzen-Analyse; an die Stelle der Aussetzung Behinderter tritt ihre Ausgrenzung; an die Stelle der „Kinderfeindlichkeit“ treten Abtreibungsrechte und der Embryonenverbrauch; an die Stelle der Rassenhygiene tritt die Gen- und Biotechnologie mit ihren Vernichtungs- und Züchtungspotentialen usw.

Die Tötungsethik einer modernen Gesellschaft umfaßt die Rechtfertigung, sich zum Wohle des Ganzen töten zu lassen und sich zu diesem Wohle gegebenenfalls selbst zu töten, wobei die jeweilige Einwilligung in den Tötungsvorgang seitens des Soldaten oder seitens eines schwerkranken Patienten nur eine Morgengabe des Getöteten wäre, die ggf. auch ersetzt werden kann. Dahinter verbirgt sich die gesellschaftliche Absicht bzw. die Forderung der "recht und billig Denkenden", daß Leben und Tod des Individuums dem Gesamtwohl unterzuordnen ist. Diese Tendenz bleibt sich in der militärischen wie in der nachmilitärischen Ära gleich; sie erhält nur jeweils andere Vorzeichen und ein verändertes Betätigungsfeld. Die nachmilitärische Kehrseite der militärischen "Ausrottungsethik“[3] ist die präferenz-utilitaristische Euthanasie. Eine wesentliche Brücke zwischen der Vernichtung des Feindes und der Hingabebereitschaft des Soldaten einerseits und die Verwertung bzw. Entwertung von Embryonen, Behinderten, Alten usw. andererseits stellt die "Extinktion" dar, wie sie von der sog.  Bio-Ethik eingeführt wurde als Ausdruck für das Auslöschen eines angeblich a-menschlichen Wesens; eine andere Brücke ist die sich in jeder Tötungsethik wiederfindende Todesangst des jeweils Tötenden: Niemandem wird bekanntlich derart viel Todesangst anerzogen wie dem Soldaten und dem Arzt.[4]

Die Ausrottungsethik setzt bewußt eine Killer-Mentalität frei, wie sie z.B. von Chaim Shatan bezüglich der amerikanischen Soldaten in Vietnam beschrieben wurde.[5] Die archaische Dynamik des Militärischen zerstört das zivile Realitätsbewußtsein und erfordert Unterdrückung der gewohnten Lebenskonzepte; das Individuum wird von der anonymen Kampfmaschine ersetzt. Demütigungen, Leidgewöhnung und das "harassing the troops" führt zu einer Erotisierung der Waffe und der Gewalt.  Die Ausrottungsethik entlastet von den normalen Gewissenszwängen, konditioniert zur Grausamkeit und forciert die Illusion der Allmacht und des Sieges über den Tod.[6] Die moderne Tötungsethik der sogn. praktischen Philosophie verfügt stellenweise über vergleichbare Killer-Qualitäten, wenn z. B. einer ihrer Propagandisten schreibt: „Die Tötung eines behinderten Säuglings ist nicht moralisch gleichbedeutend mit der Tötung einer Person; sehr oft ist sie überhaupt kein Unrecht.“[7] Vergleichbar ist auch die Wiederaufnahme der Idee von der Tötung eines "mißratenen Kindes" zugunsten der Zeugung und Austragung eines passenderen oder "gesunden" Kindes aus der Rassenhygiene der Nationalsozialisten in die neue Bio-Ethik.[8]

 

4.      Ethik zwischen Metaphysik und Gebrauchskunde

 

Eine moderne, nicht-militärische Tötungsethik hat sich im Bereich der Medizin seit 1859[9] und 1920[10] etabliert und die Jahre 1933-1945 sogar weitgehend unbeschadet überstanden. Sie überrollt seit wenigen Jahren das von Hadamar[11] und Auschwitz paralysierte Deutschland mit der Botschaft, Tötung sei potentielle Heilbehandlung für kranke Leidende, sei eine Vermehrung kollektiven und individuellen Glücks für die Tötenden wie die Getöteten und sei erforderlich für wirtschaftliche Prosperität. Aus militärischer Sicht ist bedeutsam, daß Hitler damals aus Kriegsrücksichten eine gesetzliche Regelung für die Zeit nach dem Endsieg vorsah[12]; Friedenszeiten sind also auch in der Planung Tötungszeiten nur mit anderen Vorzeichen.  Inzwischen hat sich diese Ethik sogar der philosophischen Fakultäten, der Sonderpädagogik, der Gentechnologie und der Reproduktionsmedizin bemächtigt und drängt in viele Bereiche des öffentlichen Lebens vor.

Die heutigen Denkschritte nehmen ungefähr folgenden Weg: Kinder sind bis zum 1. Lebensjahr (Auftreten des Ich-Bewußtseins) nur Menschen, nicht jedoch Personen; Kindestötung ist also zulässig; der Embryonenverbrauch ist nur der Anfang. Behinderte Kinder sind, da sie nie völlig zur Ausbildung von Personalität gelangen, kontrolliert zu töten oder nach Nützlichkeit und Verwendbarkeit zu betrachten (wissenschaftliche Experimente, Organentnahme etc.) entsprechend den Nutztieren, also unter Tierschutzkriterien. Folgerichtig ist auch die Tötung von unheilbar Kranken zulässig, wenn ihre Personalität in Folge von Krankheit, Unfall, Alter, Armut, abweichendem Verhalten etc. bezweifelt werden kann. Selbstverständlich soll die Tötung "human" verlaufen und von Fachleuten, hier den Ärzten, nicht mehr den Soldaten, vorgenommen werden. Die Tötungshandlungen können an Feten und Embryonen eingeübt werden, deren Personalität und Selbstbewußtsein ohnehin bestritten werden muß (vgl. Diskussion zur straffreien Abtreibung). Ballastexistenzen werden zur menschlichen "Minusvariante" umdefiniert. Und so könnte die Aufzählung weitergehen.

Diese Kurzdarstellung macht deutlich, daß sich die Ansatzpunkte der beteiligten Disziplinen verwischen bzw. einem gemeinsamen Ziel unterwerfen, dem Führungsprinzip der wirtschaftlichen Lobby und dem gesellschaftlichen Nutzen, also der Entmündigung ihres eigenständigen Denkens. Die militärische Ausrottungsethik hat zur Tötung in Friedenszeiten, die Militärmedizin zur Erprobung unbekannter medizinischer Räume (Echolot und Radar für Ultraschall und andere Pränataldiagnostik), das Militärrecht zu Freiräumen für Tötungshandlungen unabhängig von den Beweggründen geführt. In diesem Zusammenhang ist es den Disziplinen Medizin, Ethik und Recht nicht mehr möglich, entsprechend ihrem Selbstverständnis zu handeln. Ethik als philosophische Besinnung sittlicher Lebensformen[13] hat mit dem festgestellten Ende der Metaphysik auch seine Zuständigkeit für Letztbegründungen und Letztlegitimationen verloren. Sie hat damit einen Platz zwischen Recht und Wissenschaft eingenommen, also den Thron über ihnen verloren. Verbindlichkeiten gehen einerseits vom denkenden Individuum, andererseits von den politisch-gesellschaftlichen Setzungen wie den Menschenrechten aus, wobei die Unterwerfung unter die Macht des Schicksals nach der Geschichte des Faschismus außer acht gelassen werden soll.

Die Machtlosigkeit der Ethik und der fließende Übergang ihres Mißbrauchs zum Terror wurde bereits 1977 von Hermann Lübbe prognostiziert. "Die Tendenz zur Homogenisierung unserer Welt-Anschauungen über das Maß der unbedingten Erfordernisse hinaus ... wirkt ihrerseits konflikterzeugend. Sie erzeugt Konflikte einer besonders scharfen Sorte, für die es pragmatische Lösungsmöglichkeiten nicht gibt, sondern einzig ihre Beendigung durch Liquidation unseres wechselseitigen Andersseins.“[14] Trotzdem berufen sich die modernen Tötungsethiker gerade auch auf den Verfasser dieser Worte bei ihrem Beharren, mit Hilfe einer "Diskursethik" durch das Hochrechnen von Einzelfällen zum Tötungsrecht bezüglich der Behinderten u. a. zu gelagen.[15] Sie stören sich definitiv am Anderssein des Behinderten, Alten, Kranken usw. Der Terror der Diskriminierung und Ausgrenzung des Fremden und Anderen greift in unsere Kultur ein und hängt sich dabei den Mantel der Humanität[16] um: "Das >Menschliche< ist von Anfang an Setzung des Unmenschlichen ... Erst unser undifferenzierter Begriff des Menschen läßt die Diskriminierung entstehen." So Jean Baudrillard.[17]

Also ist der Feststellung Thomas Machos zuzustimmen: "Die Armen, die Behinderten, die Epileptiker, die Perversen, die Intellektuellen, die Frauen, die Kinder, die Wahnsinnigen, die Alten, die Kriminellen, die Arbeitslosen: sie alle geraten in die bedrohliche Nähe zum gefürchteten und verbotenen Fremden, das zensiert, exterminiert und in speziellen Institutionen verwahrt und eingesperrt werden muß".[18] Eine sich andeutende nachmilitärische Machtergreifung der Technik und Industrie über Medizin, Ethik und Recht durch den Tötungsethik-Diskurs führt zur Entmachtung des metaphysischen und spirituellen Denkens.

 

5.      Tötung als Ordnungsmittel im Zusammenleben gesellschaftlicher Gruppen

 

Unser eigenes Denken betreffend Eigentod und Fremdtod schlägt uns ein fatales Schnippchen, weil der Tod des Anderen uns vergleichsweise unberührt lassen kann, da nach jenem die Zeit unweigerlich weitergeht, nach dem Eigentod die Zeit stillzustehen bzw. beendet zu sein scheint. "Der Fremdtod begegnet uns als den Überlebenden als Vorkommnis der sozialen Welt, der Lauf der Zeit hält nicht inne, das Leben verlangt, wie man sagt, wieder sein Recht", sagt Eugen Fink[19]. Die Tötung des Fremden, aber auch die Selbsttötung, beruht auf einer Entfremdung vom eigenen Selbst, und wird zu einem Lösungsmittel der sozialen Frage: Kann und darf ich mich anderen Menschen zumuten?  Ist der Fremde, Behinderte, Pflegebedürftige einer funktionstüchtigen Gesellschaft / Gemeinschaft zumutbar? Das Sozialsystem dient der Aufrechterhaltung gesellschaftlicher Leistungsfähigkeit; wen dieses System nicht mehr tragen kann, der bedarf einer "Sonderbehandlung". Zur Klärung dieser "Fragen" wurde die Philosophie entmachtet und sogn. "positive" Wissenschaften suchten nach der Antwort: Psychologie, Soziologie, Pädagogik, Nationalökonomie, Psychiatrie und Medizin.

Sie entdeckten den Leistungswert des Menschen, der an die Stelle des grundsätzlichen Wertes trat; und damit stellte sich die sogn. "soziale Frage": Was soll mit den Leistungsminderwertigen geschehen?[20] Wenig erfolgreich blieb die Pädagogisierung und Psychatrisierung der Minderwertigen; wirksamer war schon ihre "Verwahrung" oder mit einem modernen Begriff ihre "Zwischenlagerung" mit der Hoffnung auf künftige Heilung. Gleichzeitig mit dieser Idee aber entstand um 1900 die Idee vom "Recht auf den eigenen Tod", eine teilweise vernünftig erscheinende Zur-Disposition-Stellung des menschlichen Lebens. Von allen Seiten, z.B. auch seitens des sozialdemokratischen Alfred Grotjahn,[21] wurde nun an der „Endlagerung“ gearbeitet durch Eugenik, Bevölkerungspolitik, Erbgesundheitsgesetze, Zwangssterilisation und schließlich Vernichtung. Dabei griffen fortan militärische und außermilitärische Ethik ineinander: Im ersten Weltkrieg sollten sich der Blutzoll an der medizinischen und Anstalts-Heimatfront mit der Kriegsfront die Waage halten; ausdrücklich datierte dann Hitler den Beginn der Vernichtung „lebensunwerten Lebens“ auf den Beginn des Krieges (01.09.1939) und ließ diese Vernichtung u.a. in Polen durchführen.[22] Zusammen mit den Ärzten begann so, was Klaus Dörner die "Endlösung der sozialen Frage" nennt, und was sich später mit dem Mantel des "Mitleids" umgab oder als innenpolitische Maßnahme z.B. über den Befehlsnotstand ausgab. Also hat sich die Tötung als sozialpolitisches Ordnungsmittel stetig entwickelt und in den Köpfen der Handelnden festgesetzt, wo es weiter gärt und spukt. Und die militärische Tötung war nur ein Aspekt der grundgelegten Tötungsmoral.

Es besteht die Gefahr und die Vermutung einer konsequenten Fortsetzung der militärischen Tötungsethik in der nachmilitärischen. Sollte der Versuch einer Militarisierung einer ganzen Gesellschaft durch den Ausbruch des globalen Friedens behindert werden, so muß sich die Tötungsethik neue Betätigungsfelder suchen. Denn die Militarisierung sollte ja eine Stabilisierung des Gewaltapparates, Herrschaft einer Minderheit und Duldung der Mehrheits-Politik [23] erreichen.

Der Friede hat einen Verlust der zur gesellschaftlichen Stabilisierung benötigten Feindbilde und Vorurteile wie beispielsweise der Pauschalisierungen "die" Franzosen, Russen etc., oder "der" Osten, der Westen zur Folge; einen Ersatz bieten nach- und außermilitärisch „die“ Anderen / Andersartigen, Behinderten usw. Der Friede gefährdet Absatzmärkte für die Industrie; ein neuer Markt öffnet sich in der Gentechnologie und Embryologie mit ihren Versuchsobjekten; deshalb auch das erkennbare Interesse der pharmazeutisch-chemischen Industrie an der neuen Tötungsethik (vgl. die Präimplantations-Tötungen, der Organhandel, die Euthanasie-Regelungen, die Freigabe der fremdnützigen Forschung an Nicht-Einwilligungsfähigen). Das Militär bündelte und absorbierte große Potentiale an Kreativität und Phantasie - auch im Bereich der Aushöhlung der Menschenrechte; ein großes Betätigungsfeld dafür ist nun die Bio-Ethik zusammen mit den neuen Fachdisziplinen der Medizin (Reproduktionsmedizin, Pränataldiagnostik, medizinische Triage u. a.). Jeder prognostizierte und also auch an-trainierte Krieg könnte eine Verringerung der Bevölkerungszahlen auf ein den jeweiligen Ressourcen angemessenes Maß bringen; der Friede muß hier mit anderen Mitteln orientiert am gleichen Ziel arbeiten. Militär und Kriegsethik haben der psychischen Disponiertheit der Menschen zur Destruktion und zum Todestrieb Betätigungsfelder eröffnet, denen eine nach- und außermilitärische Tötungsethik "Erfüllung" bringen kann.

 

6.      Zum Stand der Tötungsbereitschaft in unserer Gesellschaft

 

Der Zustand der Industriegesellschaften ist gekennzeichnet durch eine Zunahme an provozierter Selbsttötungs- und Fremdtötungsbereitschaft, woran die Euthanasiediskussion lediglich einen kleinen, aber gewichtigen Anteil hat: Da bastelt jemand einen Selbstmordapparat und fordert "Todeshilfszentren", in denen Todeskandidaten human versorgt werden, nicht ohne vorher Nieren, Herzen, Leber u. a. zu "ernten"; da mischen sich die "heimliche Freude" über den Tod des Gangsters im Fernsehen mit der "heimlichen Befriedigung" über den Tod von mutmaßlichen Terroristen und der Hinnahme der Tötungen durch Tiefflieger, atomare Verseuchung oder dem "Vergessen" von Bophal, Seweso; da wird eine breite Propaganda angelegt zugunsten von Selbstwertanalysen, aufgrund derer sich Menschen nicht mehr als lebenswert angesichts eines gedachten Krankheitsverlaufes einstufen (sogn. Patientenverfügungen); da sollen die Menschen sich zur sogn. Organspende bereiterklären, obwohl sie wissen, dass sie nach bzw. im Zustand eines Hirntodes nur noch nicht zuende gestorben sind usw. Zusammenhänge scheinen durchaus nachweisbar zwischen den Identitätsverlusten und Entfremdungen der Menschen von sich selbst einerseits und den "Ego-Trips", der Selbstverwirklichungsdebatte und der Einforderung der angeblichen und sogenannten Selbstbestimmungsrechte.[24] Selbst eine bestimmte Form der Diskussion um Sterbebegleitung und Sterbebeistand kann diese fragwürdigen Zusammenhänge nicht verleugnen, die sich um Formen des "Pflichtsterbens" und der Akzeptation ranken.[25]

Einen bedeutenden Akzent innerhalb der Geschichte der Tötungsbereitschaft hatte gleichzeitig mit der "Nachrüstung" die Diskussion über ein "Gesundheitssicherstellungsgesetz" gebracht, das zutreffend als "Notstandsgesetz der Medizin"[26] bezeichnet wurde, und das eine Militarisierung der gesamten Medizin in Friedenszeiten erzwungen hätte. Geplant war die Einübung z.B. der "abwartenden Behandlung", eine Art Zwischenlagerung von Schwerverletzten, deren akute Versorgung nicht sinnvoll erschien, oder einer "selektiven Behandlung", bei der Alte, Behinderte, Rückenmarksverletzte usw. ausgesondert und einer "humanen" Tötung zugeführt werden sollten. Dazu waren Dienstverpflichtungen und Zwangsmaßnahmen gegen die sich evtl. wehrenden Täter und Opfer geplant. Das Bewußtsein, das in dieses Gesetzesvorhaben Eingang gefunden hatte, war mit seiner Nichtverabschiedung keineswegs gebannt, sondern fand und findet an anderer Stelle sicher und ausreichend Betätigungsmöglichkeiten.

So hat die "Katastrophenmedizin" viele geistige Kapazitäten gebunden, zumal bei der Triage-Diskussion, dem Auswahlverfahren zur Festsetzung der Behandlungsreihenfolge bei Großkatastrophen[27] und also bei der Katastrophenvermeidung abgezogen. Unter Katastrophen versteht man großes Unheil, Verhängnis, Verwüstung, Unglücke bedeutenden Ausmaßes, Zusammenbrüche als Kriegs- oder Unfallfolgen. Die Lebensansprüche der Menschen sind im Katastrophenfall gegeneinander abzuwägen nach Ansehen der Person, Alter, Geschlecht und dem größtmöglichen Nutzen; die Ausgesonderten werden dem "Sterbenlassen" oder der Tötung übergeben.

Andere Betätigungsfelder der Tötungsphantasien fanden sich bei der Diskussion um die Aufhebung bzw. Lockerung des Embryonenschutzes und um den Embryonenverbrauch, bei der Ausweitung der Forschungsgrenzen für die Gentechnologie, bei den laufenden Debatten zur vollständigen Freigabe der Abtreibung und zur Legalisierung der Tötung auf Verlangen (§ 216 StGB) bei psychisch Kranken, Kindern und vielen anderen, erweitert um den Abbruch und die Unterlassung sogn. lebenserhaltener Maßnahmen (§ 214 StGB) und bei der Nicht-Hinderung einer Selbsttötung (§ 215 StGB)[28] . Hingewiesen werden sollte auch auf die Sterilisation der Nicht-Einwilligungsfähigen (§ 1905 BGB). 

Immer wieder vermischen sich in den Argumentationen die Selbstbestimmungsrechte und Wertentscheidungen wie „unheilbar“, „lebensunwert“, „Qualität gegen Quantität von Leben“ usw. mit der Kosten-Nutzen-Analyse und dem Prinzip der Wirtschaftlichkeit des Handelns.  Offenbar ist es außerordentlich schwer, den Kosten-Nutzen-Theoretikern eine Verpflichtung auf die menschliche Würde - der Mensch hat keinen wirtschaftlichen, funktionalen und also austauschbaren Wert, sondern eine die Verwertbarkeit ausschließende Würde (vgl. I. Kant) -, auf die Gegenseitigkeit - was gut ist, muß gleichermaßen gut für alle sein (vgl. E. Tugendhat) - und auf die Gerechtigkeit abzuverlangen.[29] Gesellschaftlich beschreibbare Tötungsbereitschaft hat weltanschauliche, geistige Hintergründe.

Wir könnten den Verlust der ethischen Begründungszusammenhänge in einen Satz zusammenfassen, mit welchem beschrieben wird, wohin die Reduzierung unseres Denkens infolge seiner Militarisierung geführt hat und voraussichtlich führen wird: Je mehr die Willensrichtung und Willensanstrengungen der Menschen sich vom religiösen Ethos, von der Fundierung des Guten im Sein selbst, also auch im Krank- und Behindert-Sein, von den objektiven, an Menschenrechten und Grundgesetzen orientierten und von den subjektiven Verpflichtungen, von der Begrenztheit des freien Willens durch Dispositionen, Schicksal und sozialer Verantwortung, sowie vom sittlichen Gefühl, von der personalen Kraft des Gewissens, von der Abhängigkeit jeder Ethik von der Sozialität und Institutionalität wegentwickelt und außerdem sich selbst aus dem geschichtlichen Kontext z.B. der Euthanasie des Nationalsozialismus ausklinken möchte, desto eher fällt das gesellschaftliche Bewußtsein der Orientierung am individuellen oder kollektiven Glück, an einer Maximierung der Lust der Mächtigen und an der Nützlichkeit, also dem Hedonismus, Utilitarismus und Eudämonismus anheim.[30]

Das gesellschaftliche Bewußtsein scheint nach dem Verlust der militärisch-kriegerischen Todesdrohung dem Tod keinen Widerstand mehr entgegenzubringen, sondern ihn produzieren und instrumentalisieren zu wollen.  Mit dieser Entwicklung geht zugleich eine neue Todesmystik und Tötungdmythologie einher.

Vor langer Zeit und durch die „Reinkarnationisten“ wurde der Tod seiner Endgültigkeit wieder entkleidet und neu als Durchgangsstation z.B. zu besserem Leben betrachtet; dies fördert die Minderung der Schrecken einer Tötung. Dann wurde er seiner Natürlichkeit beraubt und zu einer Kulturtatsache umgedeutet; die Gelassenheit ist dahin; Tötungsmacht verschafft höchstes gesellschaftliches Ansehen für Generäle, Mediziner, Gentechniker, Bioethiker, Mitglieder von Ethik-Räten. Dann wurde dafür gesorgt, daß der Tod uns nicht mehr fremdbestimmt, sondern von uns eigenverantwortlich gestaltet und produziert werden kann; wir nehmen die Tötung und den Tod als neue "Herrenmenschen" in die eigene Hand. Schließlich wurde auch dieser Tod dem Individuum und der Intimität entzogen und pornographisch [31] der Öffentlichkeit zugänglich und kollektiv erlebbar gemacht - vom Massentod bis zum voyeuristischen Blick auf den zu tötenden Patienten in der niederländischen Euthanasie und zum veröffentlichten Sterben des einsamen Fixers in der Bahnhofstoilette. In der Tötungsethik wird nun der Tod "eingeebnet wie Speise und Trank in den Abfütterungsanstalten moderner US-amerikanischer Eßkultur ... Es macht in einer zerrütteten Gesellschaft keinen Unterschied mehr, ob man existiert oder nicht existiert. Deshalb gilt noch für das Verschwinden der Getöteten die Maskerade des "be social."[32] Zu denken wäre vielleicht auch an das Unwort des Jahres 1998, vom „sozialverträgliche Frühableben“.

All das Gesagte ließe sich nun durchaus an den Beispielen „Tötung der Ungeborenen“, „Tötung der Behinderten“, Tötung der Unwerten und Fremden“, „Tötung der Alten“ und „Tötung der Sterbenden“ explizieren. Unsere Überlegungen sollen aber auch in einen Blick auf die Konsequenzen im Sinne eine „lebensbejahende Sozialethik“ münden, wie sie nur in einer „Ethik der Verweigerung“ gesehen werden kann.

 

7.      Konsequenzen für eine "lebendige" Sozialstrategie

 

Wenn wir dieser visionierten „tödlichen“ Sozialstrategie entgegentreten wollen, so benötigen wir einige Positionsbestimmungen. Wir dürfen es für die nachmilitärische Ära nicht hinnehmen, daß die angedeutete Instrumentalisierung des Menschen weitergeht, daß seine Tötung nun friedlich gerechtfertigt und sein Leben zur Disposition für jedermann /-frau gestellt wird, daß das aus dem Rückzug des Militärischen entstandene gesellschaftliche Machtvakuum widerspruchslos von Industrie, Technik und Ökonomie eingenommen wird. Die hier zum Widerstand benötigte Subversivität [33] gilt als eines der wichtigsten Bildungsaufträge für die "neue Zeit". Einübung von Subversivität gehört zu den christlichen, sozialen und pädagogischen Aufgaben in einer nachmilitärischen Gesellschaft, Wissenschaft und Hochschule.

In der Diskussion um Behinderung, Alter, Krankheit, Sterben taucht immer wieder die Forderung nach Kooperation und "Integration" auf, wobei sich letztere direkt auch gegen Ausgrenzung und Diskriminierung aller Art wendet. Eine integrative Gesellschaft sieht ihr Ziel in der Herstellung und ggf. Wiederherstellung oder Aufrechterhaltung der Integrität jedes menschlichen Wesens; wenn die Verfügbarkeit der Ressourcen diesem Ziel Grenzen zu setzen scheinen, darf nur über eine gerechte Verteilung und über Verzichtsleistungen der "Bereicherten" nachgedacht werden, nicht aber über die Extinktion der Schwachen. Wahrung der Integrität ist aber auch zugleich Schutz der "Identität"[34], die allen "von Menschen abstammenden Wesen" zugebilligt werden kann und muß.  Dazu gehört auch vor allem die Integration des "Leids" in das Leben, welcher ich mehrere meiner Veröffentlichungen gewidmet habe[35].

Der Tötungsethik muß offensiv eine Lebensethik entgegengehalten werden.[36]

1.                              Das "belebte" Leben steht dem unbelebten mit eigenen dynamischen Prozessen gegenüber, denen wir erst beginnen zaghaft zu entsprechen, indem wir das Leben nicht mehr wissenschaftlich-technisch erobern und besetzen, sondern mit ihm kooperieren.  Die Zeit muß enden, in der wir meinten, in dies Leben eingreifen zu dürfen, verändernd (gentechnologisch u.a.) oder vernichtend; belebtes Leben ist eben auch unkontrolliertes Leben.

2.                              Das "biographische" Leben als das eigentlich menschliche Leben zwingt zum Sprung über seine Natürlichkeit in das uneinholbar Andersartige; nicht Angleichung des Anderen oder Ausmerzung, sondern Horchen in den biographischen Code ist unsere Aufgabe.  Dabei begegnen wir oft schmerzlich der Zwiespältigkeit unseres Wesens: Sinnlichkeit und Verstand, Neigung und Pflicht.

3.                              Das Leben als "Miteinandersein" schließt alle ein und niemanden aus; unser Name ist "unser" und sozial gegeben wie das Leben selbst.  Es ist deshalb in doppelter Weise für niemanden verfügbar.  „Die Frage, wer das Leben sei, welches jedem lehrt, was er sei, beantwortet sich also aus dem Zusammenleben der Menschen.“ [37] 

4.                              Schließlich muß eine Lebensethik sich dem Prozeß der Vermittlung einer Eigenbedeutung, also dem "sinnvollen" Leben stellen. Nur der sich selbst eigene Mensch kann diese Sinnfrage auch negativ (z.B. im Selbstmord) beantworten. Gerade die Frage nach dem sinnvollen Leben unterstreicht seine Unverfügbarkeit, weil nur der Seiende auch sagen kann, ob er auch sein will.  Nur der Mensch kann sein Dasein sogar verdoppeln, indem er es bejaht.

Eine an solcher Lebensethik orientierte Sozialstrategie hat dafür Sorge zu tragen, daß Militär, Industrie, Technik, Wissenschaft usw. unter soziale / gesellschaftliche, d. h. vom Miteinander geleitete Kontrolle gebracht werden.[38] Unsere scheinbare Schwachheit im Leiden am Sinn- und Affektdefizit entwickelt sich zur erkenntnisleitenden Energie für die Lebensethik.[39] Die Wissenschaft der Zukunft wird nicht rational und pragmatisch bestimmt sein, sondern von einem wissenschaftlichen Paradigmenwechsel hin zur „Ignotologie“, zu einer Wissenschaft vom Nichtwissen und von dem durch die traditionellen Wissenschaften unterdrückten Wissen, nicht des Verstandes und der Vernunft allein, sondern des vernünftigen Geistes und der Spiritualität.

Vielleicht kann es abschließend hilfreich sein, uns den neuen hippokratischen Eid wieder ins Bewußtsein zu rufen, den Günther Anders 1972 angesichts der Herstellung neuer Vernichtungswaffen formuliert hatte; "Vernichtung" ist eben mehr als "nur" die Tötung durch Krieg[40]: „Deshalb geloben wir,

-         keine Arbeiten anzunehmen oder durchzufüren, ohne diese vorher darauf geprüft zu haben, ob sie direkt oder indirekt Vernichtungsarbeiten darstellen;

-         die Arbeiten an denen wir gerade teilnehmen, aufzugeben, wenn diese sich als solche direkte oder indirekte Vernichtungsarbeiten erweisen sollten;

-         denjenigen unserer Arbeitskollegen, die nicht wissen, was sie tun, über die Bewandnis ihres Tuns die Augen zu öffnen;

-         diejenigen Vorgesetzten, die uns zu solchen Vernichtungsarbeiten zu nötigen versuchen, als moralisch unzuständig abzuweisen, bzw. diesen den Gehorsam zu verweigern, diese zu bekämpfen;

-         und schließlich, diesen Entschlüssen auch dann treu zu bleiben, wenn deren Einhaltung mit Nachteilen oder Gefahren verbunden sein sollte“.

 


 

Tötungsethik

 

Vortrag, Prof. Dr. Franco Rest

 

¨  Moderne Euthanasie und nationalsozialistische Tötungsethik

 

¨  Kann man aus dem Jahr 1941 für heute lernen?

 

¨  Tötungsethik unter militärischen und nachmilitärischen Vorzeichen

 

¨  Ethik zwischen Metaphysik und Gebrauchskunde

 

¨  Tötung als Ordnungsmittel im Zusammenleben gesellschaftlicher Gruppen

 

¨  Zum Stand der Tötungsbereitschaft in unserer Gesellschaft

 

¨   Konsequenzen für eine „lebendige“ Sozialstrategie
 

 


 

 

Clemens August von Galen, 1941

 

1.         „Selbst wenn wir die verwerfliche Tat eines anderen mißbilligen, kann unsere Mitwirkung daran dann sündhaft sein, wenn das, was wir dabei tun, für sich allein betrachtet, erlaubt ist".

2.         „Selbst wenn wir die verwerfliche Tat eines anderen mißbilligen, kann unsere Mitwirkung daran dann sündhaft sein, wenn das Böse, für dessen Durchführung man unsere Hilfe in Anspruch nimmt, von uns verabscheut wird".

3.         „Selbst wenn wir die verwerfliche Tat eines anderen mißbilligen, kann unsere Mitwirkung daran dann sündhaft sein, wenn wir überhaupt nur deshalb handeln, um uns selbst vor sonst drohendem Unheil zu bewahren".

4.         „Selbst wenn wir die verwerfliche Tat eines anderen mißbilligen, kann unsere Mitwirkung daran dann sündhaft sein, wenn unser Tun nicht unmittelbar, direkt, sondern mittelbar, indirekt zum Zustandekommen des Bösen beiträgt".

5.         „Selbst wenn wir die verwerfliche Tat eines anderen mißbilligen, kann unsere Mitwirkung daran dann sündhaft sein, wenn wir wissen, daß die Verletzung dem göttlichen Gesetz auch ohne unsere Mitwirkung auf jeden Fall geschehen würde."

 


 

Je mehr die Willensrichtung und Willensanstren-gungen der Menschen sich vom religiösen Ethos, von der Fundierung des Guten im Sein selbst, also auch im Krank- und Behindert-Sein, von den objektiven, an Menschenrechten und Grund-gesetzen orientierten und von den subjektiven Verpflichtungen, von der Begrenztheit des freien Willens durch Dispositionen, Schicksal und sozialer Verantwortung, sowie vom sittlichen Gefühl, von der personalen Kraft des Gewissens, von der Abhängigkeit jeder Ethik von der Sozialität und Institutionalität wegentwickelt und außerdem sich selbst aus dem geschichtlichen Kontext z.B. der Euthanasie des Nationalsozialismus ausklinken möchte, desto eher fällt das gesellschaftliche Bewußtsein der Orientierung am individuellen oder kollektiven Glück, an einer Maximierung der Lust der Mächtigen und an der Nützlichkeit, also dem Hedonismus, Utilitarismus und Eudämonismus anheim.


 

Kontrolliertes Töten als medizinische Sozialstrategie

 

1.      „Embryonenverbrauch“

 

2.      „Tötung der Ungeborenen“

 

3.      „Tötung der Behinderten“

 

4.      „Tötung der Unwerten“

 

5.      „Tötung der Alten“

 

6.      „Tötung der Sterbenden“

 


 

Lebensethik contra Tötungsethik

 

1.     Ethik des belebten Lebens

 

2.      Ethik des „biographischen“ Lebens

 

3.      Ethik des Lebens als „Miteinandersein“

 

4.      Ethik des „sinnvollen“ Lebens


 

 

Wir geloben

 

 

-         keine Arbeiten anzunehmen oder durchzufüren, ohne diese vorher darauf geprüft zu haben, ob sie direkt oder indirekt Vernichtungsarbeiten darstellen;

 

-         die Arbeiten an denen wir gerade teilnehmen, aufzugeben, wenn diese sich als solche direkte oder indirekte Vernichtiungsarbeiten erweisen sollten;

 

-         -denjenigen unserer Arbeitskollegen, die nicht wissen, was sie tun, über die Bewandnis ihres Tuns die Augen zu öffnen;

 

-         diejenigen Vorgesetzten, die uns zu solchen Vernichtungsarbeiten zu nötigen versuchen, als moralisch unzuständig abzuweisen, bzw. diesen den Gehorsam zu verweigern, diese zu bekämpfen;

 

-         und schließlich, diesen Entschlüssen auch dann treu zu bleiben, wenn deren Einhaltung mit Nachteilen oder Gefahren verbunden sein sollte.

 


 

[1] Werner Fuchs, Todesbilder in der modernen Gesellschaft.  Frankfurt/M., 1969, S. 202.

[2] Vgl. dazu Hans Ebeling, Rüstung und Selbsterhaltung.  Paderborn-München-Wien-Zürich, 1983, S. 5 ff.

[3] Erich Küchenhoff, Widerstand und ziviler Ungehorsam können nicht aufhören.  In: Johannes Esser (Hg.), Friedensarbeit nach der Raketenstationierung, Braunschweig, 1985, S. 68.

[4] Zur Todesangst und Todesverdrängung der Ärzte vgl.  Herman Feifel / S. Hanson / R. Jones / L. Edwards, Physicians Consider Death.  In: Preseedings of the 75th Annual Convention of the APA 2, 1967, S. 201 ff.

[5] Chaim Shatan, "Zivile" und "militärische" Realitätswahrnehmung. Über die Folgen einer Absurdität.  In: Psyche, Stuttgart, Bd. 35, 1981, Heft 6.

[6] Vgl. dazu Emilio Modena / Peter Pasett (Hg.), Krieg und Frieden aus psychoanalytischer Sicht, Basel-Frankfurt/M. 1983; Thomas H. Macho, Todesmetaphern.  Zur Logik der Grenzerfahrung, Frankfurt/M. 1987, S. 425 ff

[7] Peter Singer, Praktische Ethik, Stuttgart, 1984, S. 188.  Vgl.  H. W. Schmuhl, Rassenhygiene-Nationalsozialismus-Euthanasie.  Von der Verhütung zur Vernichtung "lebensunwerten Lebens" 1890-1945, Göttingen, 1987, S. 38

[8] Peter Singer, a.a.O., S. 185.

[9] Erscheinungsjahr des Hauptwerkes von Charles Darwin, Die Entstehung der Arten durch natürliche Zuchtwahl oder die Erhaltung der begünstigten Rassen im Kampf um das Dasein.

[10] Erscheinungsjahr des Primärwerkes für die nationalsozialistische Vernichtungsethik von Karl Binding/Alfred Hoche, Die Freigabe der Vernichtung lebensunwerten Lebens.  Ihr Maß und ihre Form, Leipzig.

[11] Einer der Orte der Massenvernichtung (T-4-Aktion) lebensunwerten Lebens; Name und Inbegriff der Vernichtung seit 1940.

[12] Vgl.  Ernst Klee, Euthanasie im NS-Staat.  Die "Vernichtung lebensunwerten Lebens", Frankfurt/M., 1983.

[13] Vgl. Willi Oelmüller / R. Dölle / R. Piepmeier, Diskurs: Sittliche Lebensformen.  Bd. 2 der philosophischen Arbeitsbücher, Paderborn-MünchenWien-Zürich, 1980.

[14] Hermann Lübbe, Pragmatismus oder die Kunst der Diskursbegrenzung. In: W. Oelmüller u. a., a.a.O., S. 351 f.

[15] Vgl. den diesbezüglichen Versuch auf einem 1990 in Bochum verhinderten und dann geheim abgehaltenen Kongreß "Konsensfindung und moralische Bewertung im Gesundheitswesen" über Euthanasie, Todeskriterien, Ethik-Richtlinien u. a.

[16] Vgl.  Handlungsweise und Ideologie z. B. der Gesellschaft für "humanes" Sterben; Ernst Klee, Schöner Tod statt eines schrecklichen Lebens?  In: Die ZEIT, Nr. 20 vom 11.5.1990.

[17] Jean Baudrillard, Der symbolische Tausch und der Tod, München, 1982, S. 195.

[18] Th.  Macho, a.a.O., S. 286 f.

[19] Eugen Fink, Metaphysik des Todes, Stuttgart, 1969, S. 37.

[20] Vgl. dazu Klaus Dörner, Tödliches Mitleid.  Zur Frage der Unerträglichkeit des Lebens, Gütersloh, 1988.

[21] Vgl.  Daniel Nadav/ Julius Moses und Alfred Grotiahn, Das Verhalten zweier sozialdemokratischer Ärzte zu Fragen der Eugenik und Bevölkerungspolitik.  In: Der Wert des Menschen.  Medizin in Deutschland 19181945.  Berlin 1989, S. 143-152.

[22] Erste Massenvergasung am 18.10.1939 in Fort 7 von Posen.

[23] Vgl.  Renate Wurms, Militarisierung durch Zivilschutz.  In: J. Esser (Hg.), a.a.O., S. 100.

[24] Vgl.  Franco Rest, Alternativen zur Euthanasie.  Praxis und Zuwendung. In: Behinderte Menschen leben unter uns.  Hamburg-Bad Segeberg, 1989, S.49 ff.; Franco Rest, Patientenverfügungen in der Sollenswissenschaft und Menschensorge. Sein Sterben selbst gestalten? In: Evang. Akademie Iserlohn (Hg.), Die Patientenverfügung. Vorsorgliche Selbstbestimmung im Blick auf das eigene Sterben? Anliegen und Probleme. August 1998, 71- 106

[25] Vgl.  Franco Rest, Sterbebeistand-Sterbebegleitung-Sterbegeleit.  Stuttgart-Berlin-Köln 1989, S. 67 ff.; Ders., Persönlicher Tod - Grundlage persönlichen Lebens.  Todesrituale zwischen "Nekrophilie" und "Heroismus".  In: F. Rest, Jenseits von Waldort und Wassermann.  Beiträge zur praktischen Anthropologie, Dortmund, 1987, S. 105-122.

[26] Eberhard Weber, Gesundheitssicherstellungsgesetz - ein Notstandsgesetz der Medizin.  In: Die Überlebenden werden die Toten beneiden, Köln, 1982, S. 76-82.

[27] Vgl. u. a. R. Goltermann, Triage als zentrales Merkmal der Katastrophenmedizin.  In: K. Peter (Hg.), Katastrophenmedizin, München, 1984, S. 8-54.

[28] Vgl. u.a. dazu kritisch: H. Lauter / J. E. Meyer, Entkriminalisierung der Sterbehilfe?  In: Mschr.  Kriminologie u. Strafrechtsform 71, 1988, S. 370-380.

[29] Franz-Josef lllhardt, Kosten-Nutzen-Analyse.  In: Medizin-Ethik-Recht (Hg. v. A. Eser u. a.), Freiburg/Br. 1 989, S. 607-614.

[30] Vgl. H.-H. Schrey, Einführung in die Ethik. Darmstadt 1977 (2.A.)

[31] Geoffrey Gorer, The Phornography of Death.  In: W. Phillips / P. Rahv (Hg.), Modern Writing, New York, 1959, S. 157-188.

[32] Hans Ebeling, Die Willkür des Todes und der Widerstand der Vernunft.  In: Ders., Rüstung und Selbsterhaltung, a.a.O., S. 87.

[33] Franco Rest, Der Zar ist verschwunden - Tolstoi lebt.  Subversiv- Ein Alltagsbegriff im Zeitwandel.  In: päd. extra/extra Sozialarbeit (Sonderheft) Nr. 11, 1983, S. 10-15.

[34] Ausführlicher vgl.  Franco Rest, Praktische Orthothanasie .... Bd. 1, a.a.O., S. 73 ff.

[35] Vgl.  Franco Rest, Vom Handeln im Angesicht des Unausweichlichen. Über die Bewältigung des Leids.  In: WegezumMenschen37,1985, S. 281289; Ders., Begleitung unheilbarer Kranker zwischen Behandlung und Umwandlung.  In: Arzt und Christ, (Wien), 34.  Jg., 1988, S. 175-184.

[36] Vgl.  Karl Löwith, Das Individuum in der Rolle des Mitmenschen, Darmstadt, 1969, S. 16 ff.

[37] Ebenda,S.22.

[38] Dies ist jedoch besonders schwierig, weil neben das Sinndefizit noch ein "Affektdefizit" getreten ist. Dieses gipfelt nicht in der Forderung nach emphatischem Dialog, wie man es erwarten könnte, sondern in der Forderung nach noch mehr sogn. Rationalität; und diese wird ausgerechnet von jenen Tötungsethikern beansprucht, die sich z.B. der Diskussion mit den potentiell von ihrer Ethik Betroffenen mit der Begründung entziehen, diese seien affektiv zu beteiligt, als daß sie rational-pragmatisch mitdenken könnten.

[39] Reinhard Hesse, Zum Zusammenhang von Ethik, Technik und Politik.  In: Frankfurter Hefte (extra 4), Frankfurt/M. 1982, S. 92 f.

[40] Günther Anders, Endzeit und Zeitenende.  Gedanken über die atomare Situation, München, 1972.

 

 
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